Investigación
Investigación y proyectos de protección patrimonial
Paletas cromáticas de la Boca y del pintor Quinquela Martín

INTRODUCCION

La Boca fue el único barrio que no dio la espalda al río, sino que vivió de cara a él. Por ello, para entender su afianzamiento y su evolución urbana hasta nuestros días, es necesario tener en cuenta algunos datos históricos que lo vinculan al proceso histórico del país.

Hacia 1870 la clase dirigente argentina encuentra en la inmigración la posibilidad de poblar las provincias y aumentar la productividad de la tierra a través de mano de obra barata, capaz y abundante. Ante la necesidad de un ordenamiento y control de la misma, en 1876 se aprobó la Ley 817, conocida como Ley Avellaneda.

Juan Bautista Alberdi expresa la voluntad de esa época en su frase “Gobernar es poblar” y ello se convierte en el eje del accionar del gobierno liberal.

A su vez, hacia 1880 se produce un gran crecimiento económico en nuestro país, constituyéndose Buenos Aires en un importantísimo foco de concentración de población. La gran masa inmigratoria (en gran porcentaje italiana) que no llega a ser propietaria rural, encuentra en esta ciudad fuentes de trabajo y demanda de bienes y servicios, entre ellos la vivienda.

Pero la distribución de la mencionada población, dista bastante de ser uniforme en las distintas zonas de la ciudad. Sobre todo en determinadas áreas tendió a predominar la inmigración de cierto corte regional, en especial en los orígenes de los distintos asentamientos. El caso más notorio es el de la Boca del Riachuelo, debido fundamentalmente a los aportes de la población ligur, ligada a la actividad naval, a la que se sumaron otras de otros lugares de Italia y Europa, particularmente dálmatas, españoles, griegos, y algunos pocos grupos de franceses, sajones y rusos.

En realidad, ya desde comienzos del siglo XIX, la significativa presencia de armadores y comerciantes peninsulares en el tráfico de cabotaje y ultramarino en la zona del Río de la Plata había determinado una progresiva asimilación de muchos de ellos a la vida social y económica de la joven República. Esto se debió a que es sus lugares de origen el acero reemplazaría a la madera en la construcción de barcos. Estos, al integrarse a la incipiente industria naval de Buenos Aires, que continuaba siendo maderera, y sumarse a las flotillas de paisanos afincados en algunos de los pueblos ribereños, crearon un nuevo ciclo económico que favoreció la continuidad y especialización de este asentamiento. Pero fue durante la gran oleada inmigratoria de fines de siglo pasado que la Boca recibió masivamente a los inmigrantes italianos y adquirió su fisonomía tan característica.

A principios de este siglo la actividad portuaria en el Riachuelo comenzaría a decaer con la construcción del Dock Sud y Puerto Madero, lo que marcará el comienzo de un progresivo éxodo de población. También influyó en esto la interrupción del flujo inmigratorio al comenzar la Primera Guerra Mundial. Ambos sucesos (decadencia económica del puerto de La Boca e interrupción de la inmigración europea) provocaron que muchos de esos italianos o sus hijos se fueran desarraigando del barrio (*).


Esta inmigración incorporó al país elementos distintivos que fueron creando nuevos modos, hábitos y expresiones en su forma de su vivir. Recordemos que Italia era en esos días un mosaico de nacionalidades y esa policromía se reflejó también en nuestra tierra y sobre todo en el barrio de La Boca.

Cabe destacar el aporte al arte, ya que en este barrio bohemio y singular se asentaron y nacieron artistas plásticos, músicos, literatos, periodistas, que dejarían profundas huellas

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(*)La segunda oleada inmigratoria europea de la década del treinta se radicaría masivamente en el cordón industrial de Buenos Aires. En la segunda mitad del siglo, y más marcadamente luego del retorno de la democracia (1983), los conventillos se fueron ocupando por una nueva corriente inmigratoria de países limítrofes.

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 GENERALIDADES  - EL COLOR EN EL BARRIO DE LA BOCA


La Ciudad de Buenos Aires posee en el Barrio de la Boca un Patrimonio Urbano y Arquitectónico valioso en cuanto a  calidad y diversidad. En gran medida el desarrollo de este Barrio se debe al proceso inmigratorio del período 1870 - 1915, que  brindó a la Ciudad una riqueza de identidades en distintos sectores.


Se  produjo en este Barrio una particular simbiosis entre paisaje natural y cultural, entre cultura marinera y tierra firme, en una estrecha relación entre  casas y  barcos.  La Boca tiene una unidad temática que la distingue de cualquier otro barrio de la Ciudad de Buenos Aires, no solo por su importante identidad patrimonial, sino también por los colores añorados que tiñen sus casas, calles, plazas,  edificios públicos y aún su mobiliario. Todo esto en su conjunto, el trasbordador, el estadio de Boca Juniors, la calle Caminito o la Vuelta de Rocha, más la constante presencia del Riachuelo constituyen una riqueza formal inspirada en un equipamiento de esperanzas y trabajo reflejado en la presencia de grúas, barcos, barcazas, puentes, barracas, que dan cuenta de su desarrollo tecnológico y cultural.


Pero además de una concepción  del mundo y de la vida de estos primeros habitantes que confiaron en nuestro País, esta transculturación predominantemente italiana de origen ligur,  presente en la memoria colectiva de los argentinos nos representa  en el mundo entero por su singularidad de ser una ciudad portuaria sudamericana con  fuertes características  mediterráneas y que, hasta el SXX ha sido el único barrio de Buenos Aires que no le dio la  espalda al río. Por todo ello y desde su fundación este Barrio  ha trasmitido la alegría del hombre esperanzado y de fe a todas las generaciones.


El color surgió inicialmente como producto de una  necesidad funcional de protección de los materiales de las fachadas, de madera y chapa, utilizando para ello las pinturas remanentes de la actividad portuaria; pero también por una necesidad  de diferenciación social, libertad y singularidad de un pueblo de costumbres y lengua diferente que trajo a una ciudad gris su tradición cromática junto  a sus cantos, bailes y variedad  de platos característicos.
   En efecto, en cuanto al color urbano existen antecedentes similares en ciudades de la cuenca del Mediterráneo, pueblos que no han abandonado la  tradición de pintar sus casas con colores ingenuamente seleccionados. Haciendo un poco de historia esa tradición se inició en  la necesidad de pintar las grandes velas de los barcos que facilitaban su avistamiento en el mar  utilizando para ello el amarillo, cercano a un oro oscuro, y un rojo vivo que contrastaban con el color del mar, además de darle identidad a sus dueños a través del uso del color y sus dibujos.


Después de estudiar cada sector del barrio se observa  una multiplicidad de  colores que testimonian
su historia. El sólo análisis de sus fachadas pintadas sugiere sus diferentes momentos históricos:
1- el pre Quinqueliano  de colores poco saturados y combinaciones espontáneas producto de las pinturas remanentes de los barcos
2-  el Quinqueliano dado por la rica paleta del pintor, quien desde su niñez estuvo familiarizado con la cromaticidad propia del lugar.

  1. El pos Quinqueliano o actual que hace uso de una policromía abusiva, de escaso valor estético.

Esto, sumado a una degradación del entorno urbano y social y a un auge del turismo masivo que atenta contra este patrimonio histórico- cultural, es lo que obliga a la siguiente reflexión:

Es importante destacar que el valor simbólico-social que se encuentra en este  barrio ha servido y sirve a la sociedad, de cualquier época, como incentivo para conformar y dar sustento  a una identidad local y nacional que nos represente frente a una globalización que hasta el momento viene controlada por unos pocos. Esta es una razón mas que importante para preservar todo tipo de patrimonio.


La investigación realizada  es un primer paso en este sentido. Pero nuestro compromiso va más allá de la preservación ya que también nos interesa difundir su existencia y los valores que aquella generación brindó a la cultura de nuestro país. Por ello promover solo el turismo no basta para dar a conocer la rica historia de La Boca.

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INVESTIGACION PALETA VIEJA


La persistente degradación del patrimonio urbano y especialmente del cromático que sufre el barrio de La Boca, sumado al pedido reiterado de las autoridades del GCBA de documentar estos aspectos, ha motivado el registro de colores que aquí presentamos. 


Además de los cateos realizados in situ, que a continuación comentaremos, existe un enorme repertorio pictórico que testimonia La Boca colorida de principios de siglo XX. Esta documentación  ha sido valiosísima para fundamentar nuestra investigación.


METODOLOGÍA DE ANÁLISIS


La metodología utilizada es la síntesis de trabajos previos y cuyos avances fueron presentados en los Congresos organizados por el Grupo Argentino del Color desde el año 1998 hasta el presente. Estos estudios comenzaron por un relevamiento cromático de La Boca, llevado a cabo dentro de la Cátedra Mattiello de Morfología II de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA. El objetivo era justamente el reconocimiento del patrimonio urbano a través del color.


Análisis pictórico. Acercamiento a tintes, valores y criterios


Se  analizaron  más de 50 pinturas realizadas en el período entre 1880 y 1950. Estas corresponden a pintores anónimos y otros conocidos como  Lázari, Lacámera, Arcidiácomo, Victorica, Daneri y Cúnzolo entre otros. Estas pinturas reflejan el color portuario y urbano del barrio de La Boca. De ellas se extrajo una “paleta” de colores como una primera guía para interpretar el color de los cateos que ha continuación detallamos.


Cateos


Los cateos se realizaron en  conventillos y en materiales de demolición de La Boca y de la Isla Maciel, pudiéndose corroborar la presencia de iguales  tintes o tonos. Con este material se pudo confeccionar una nueva “paleta”, ya no pictórica sino arquitectónica, de  tintes, valores y posibles saturaciones ya que el tiempo y la polución ambiental deterioran  el color y en especial esta variable.


De este análisis surge la paleta que se reproduce en este folleto y que, a nuestro juicio,  facilitaría nuevos estudios y/o   implementaciones in situ. Sin embargo esta paleta deberá siempre estar acompañada de un diseño y/o criterios de utilización del color,  ya sea a nivel de edificios particulares o a nivel urbano. Este importante aspecto, de ser tratado,  excedería el alcance de esta publicación  y por ello será objetivo de otra publicación.


Análisis comparativo


Finalmente se realizó una comparación entre los colores provenientes de dichos cateos con cartas de colores correspondientes a  otras ciudades europeas, verificando numerosas coincidencias. Esto se explica ya que a principios de siglo a nuestro puerto llegaba una limitada cantidad de  pigmentos,  todos procedentes de Europa. Entre ellos los más utilizados eran  la pasta de albayalde, que es un carbonato básico de plomo muy utilizado como pigmento blanco,  y el minio, de color rojo anaranjado, que era un óxido de plomo de gran poder anticorrosivo y cubritivo.

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GENERALIDADES - BENITO QUINQUELA MARTÍN (1890- 1977)


En el 30 aniversario del fallecimiento de Benito Quinquela Martín queremos recordarlo con una de sus  frases más significativas:


“Un artista puede entusiasmarse con una visión, realizar  con gusto y verdad un tema que le parece interesante, pero donde será más él es en aquellas obras donde describe el cielo bajo el cual nació, vive y tal vez sufre.”  (Quinquela Martín)


Quinquela marcó un punto de inflexión en el color urbano del barrio. Al punto de que éste comenzó a asemejarse a sus telas. Esta etapa representó un avance estético  que llego a crear un ámbito cromático muy particular  que estableció un ida y vuelta entre su pintura y el barrio única por sus características.


Fue adoptado en su niñez por una familia boquense: el padre genovés, trabajador portuario y la madre entrerriana, propietarios de una carbonería.  Benito desde su niñez estuvo consustanciado con su barrio y sus colores ya que a diario lo recorría repartiendo carbón. Aprendió a pintar con el maestro Alfredo Lazzari, formado en la Academia Italiana.


Debido a esta experiencia de vida pudo más tarde reflejar en sus telas y murales, en especial los que realizara para la Escuela Museo, el clima de  optimismo, solidaridad  trabajo y también de nostalgia de su gente; esta gente que en sí misma era una policromía de etnias, lenguas, costumbres, músicas, aromas y sabores que llegaron a caracterizar a La Boca como algo muy distinto del resto de la ciudad.


Quinquela reflejó la estrecha relación entre los boquenses y su puerto de donde surgieron los colores del Club Boca Juniors, que al no poder utilizar el rojo y blanco de la bandera genovesa, previamente elegidos por su rival el Club River Plate, optaron por el azul y oro de la bandera  de un barco de origen sueco que  amarro en el puerto.


Sin dudas, el maestro se adelantó a su tiempo en cuestiones referidas a Patrimonio ya que la cultura y la arquitectura quedaron plasmadas en sus cuadros. Desde la critica del arte Osvaldo Svanascini* diría:


“Quinquela se entregó a la Boca e incluso quiso renovar su fisonomía. Así aparte de las donaciones de terrenos en  donde se alzan escuelas y museos, transformó las fachadas de las grúas, los armazones, las calles y hasta un ómnibus que terminaba su trayecto en el Riachuelo, en coloridos, agresivos y detonantes planos de color que aman su propia e inocente libertad, la aventura fauve de su temperamental policromía.  El resultado es tan híbrido como impactante, tan familiar, como tierno. Se llega a esos colores asistiendo a un despertar de niño que utiliza sus pinturas para fabricarse su realidad y acaso para reencontrar los hilos extraviados en los años iniciales”.


Quinquela sigue vivo en La Boca, ya que le ha dejado una impronta de amor y color que estará siempre presente que lo refleja en su frase:


..."Despues de vivir 50 años en el bario que amparó mi niñez y mi orfandad, bendigo al destino que me condujo a este puerto de adopción y salvación, y cuando contemplo hoy, desde los balcones de mi estudio siento a veces una sensación extraña como una voz interior que me dice que yo no he podido nacer en otra parte que en la Vuelta de Rocha"

(Argentina en el arte. Un mundo en un barco. Ed Viscontea 1966)
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BENITO QUINQUELA MARTÍN Y EL COLOR DEL BARRIO DE LA BOCA


Quien decida recorrer la Vuelta de Rocha se hallara frente a varios edificios cuyos terrenos donó Quinquela Martín para el progreso de la zona. En ellos se construyeron: la Escuela Museo Pedro de Mendoza (1936), el Jardín de Infantes No 6 (1948), el ex Lactarium Municipal Jardín Maternal “Benito Quinquela Martín” (1947), la ex Escuela de Motoristas y Obreros de la Navegación(1950), el Hospital Nacional de Odontología Infantil (1959) y el Teatro de la Ribera (1970).


Todos estos edificios se caracterizan por la aplicación de un color especial tanto en el interior como en el exterior y aún  en el equipamiento. Este color, propio de la paleta de Quinquela, se extendió por la Calle Caminito, en cantinas de la calle Necochea, en barcos de una Compañía Naviera radicada en la zona y hasta en el tranvía que hacía el recorrido entre Palermo y el Riachuelo. Este hecho produjo un contexto cromático  homogéneo, de gran valor histórico y cultural, que despertó nuestro interés por conservar y/o reconstruir el color de la Vuelta de Rocha. Por ello las intervenciones realizadas comenzaron por la Escuela Museo, la calle Caminito, el ex Lactario Municipal,  cateos parciales en la ex Escuela de Motoristas y Obreros de la Navegación, en el Hospital Nacional de Odontología Infantil.


Metodología empleada en la reconstrucción  cromática.
Previo el análisis de cada Edificio, estos se dividieron en diferentes sectores de interés. Dentro de cada uno de ellos se realizaron diferentes cateos volcando los datos en fichas especialmente diseñadas e incluyendo, cuando era posible, el remanente de pinturas y registro fotográfico. A continuación se corroboró este material, cuidadosamente ordenado, con diferentes referencias históricas escritas y orales, como por ejemplo: una leyenda en la Escuela Museo que dice, …la fachada de la Escuela Museo debe expresar en forma gráfica el sentido espiritual que determinó su creación, distinguiéndola del común. En el Lactarium se halló una foto original sobre la cual Quinquela especificó los colores a usar. En otros Edificios se encontraron diferentes reportajes realizado al maestro, sobre su obra , además de fotos en revistas y periódicos de la época.


Con todo el material recabado pudo analizarse y ordenarse  una suficiente cantidad de datos que permitieron determinar familias de tintas, para más tarde devolver a los edificios su color original.
Metodologías similares han sido aplicadas en una gran cantidades de ciudades europeas como Roma, Turín, Génova, Isla de Burano en Venecia, Barcelona, Niza, Norwich y Moscú.
Es de destacar que para el primer trabajo de reconstrucción cromática realizado en el Museo, se contó con la asistencia de una Empresa Internacional.
Uno de los puntos de interés del estudio del color de estos edificios singulares fue el poder dar indicaciones proyectuales extendibles a otras zonas; como por ejemplo la Plazoleta Benito Quinquela Martín o los Silos Areneros Buenos Aires 

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